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Preguntas incómodas de los niños

Preguntas incómodas de los niños

Los adultos usualmente se sienten incómodos y se desconciertan cuando los niños hacen preguntas relacionadas con la sexualidad.

Además, en un mundo tan globalizado como el actual y con la poderosa influencia de los medios, los niños tienen grandes expectativas por conocer más de varias cosas que ven en la televisión o en el cine y, claro, su curiosidad les leva a preguntar todo el tiempo y a hacer preguntas que, a veces, a los adultos nos parecen difíciles de contestar.

Con ello empieza una etapa de la vida en la que seguramente sufrirás de una o dos situaciones penosas. Quizá no sabrás qué responder cuando, por exceso de confianza, te pregunten de dónde vienen los bebés o qué haces encima de mamá.

Ellos esperan una respuesta honesta y, cuando son pequeños, la mayoría cree que los adultos lo saben todo. Por lo tanto no debes ignorar esas preguntas, incluso cuando estén relacionadas con temas sensibles.

Este tipo de preguntas abordan temas universales y no varían mucho a través del tiempo. Ponen en un aprieto a los adultos, que se desconciertan al descubrir todo lo que el niño tiene en la cabeza. Preguntas del tipo: “¿Cómo se hace un bebé?” o “¿Te morirás algún día?”, por ejemplo, son muy simples para los niños, pero los padres se asombran y se quedan perplejos frente a ese saber nuevamente expresado.

Las preguntas embarazosas también desconciertan a los padres, porque les remiten a sus propias vivencias y, a veces, a heridas inconscientes. Muchos se sienten violentos con las preguntas relacionadas con el sexo porque, en su infancia, el tema no obtuvo respuesta. Otra cuestión difícil de tratar con los niños es el de la muerte, porque, es un modo de repetirse a sí mismo que, algún día, tampoco estaremos aquí.

Ahora bien, no es una obligación contestar a toda pregunta pues en verdad el deber primordial de los padres es proteger a sus hijos y hay preguntas que si se contestan detalladamente pudieran causar daño. En esos casos un simple “no lo sé” o “no lo conozco”, es suficiente.

No saber la respuesta puede ser la excusa para acercarnos más a nuestro hijo, ya que nos brinda la oportunidad de buscar la respuesta juntos y de intercambiar opiniones y experiencias. Podemos transformar esa pregunta incómoda en toda una aventura del conocimiento.

Las respuestas hay que adaptarlas a la madurez del niño. En lo relativo a la sexualidad, hay que dar prueba de delicadeza y poesía. A la pregunta de “cómo se hacen los bebés”, podemos contestar: “Para hacer un niño hay que quererse mucho. Luego, se necesitan dos semillas, la del papá y la de la mamá”. En cuanto al tema de la muerte, podemos responder: “Sí, algún día me moriré, pero dentro de mucho, mucho tiempo”. No es necesario hablar de las amenazas, como las enfermedades, salvo si el pequeño ha tenido que enfrentarse a ellas. A esta edad, la muerte no debe asociarse al horror y la angustia. Los padres que sientan apuro, también puede echar mano de los libros ilustrados.

Algunos argumentos en favor de una buena comunicación:

  • El niño descubre el mundo que le rodea de la mano de sus padres, cuyo comportamiento le sirve de referente para formar su criterio personal y madurar. La forma en que ha de abordarse esa demanda de información y de experiencias sobre el mundo, es hacerlo con naturalidad y sinceridad.
  • Nunca hay que mentir ni inventar nada, los cuentos, las historias fantásticas deben mantenerse en su contexto como cuentos para dormir o entretener, pero no para interpretar la realidad. Correríamos entonces el riesgo de alterar la conciencia del niño o del muchacho, con consecuencias evitables.
  • No prejuzgar, ni dar por hecho que algo no se le puede decir al niño. No hay que subestimar su inteligencia o su capacidad de comprensión.
  • La sexualidad es uno de esos temas que, tarde o temprano, el niño acabará por descubrir. Es un aspecto importante en el desarrollo y el crecimiento de los niños y adolescentes, algo que no podemos obviar.
  • Si la realidad es que los padres no están preparados para contestar a sus preguntas o para abordar los temas sexuales con conocimiento y criterio, lo más razonable es derivar esta cuestión hacia profesionales en educación sexual, que sabrán ayudar en cualquier momento. Con esta posibilidad, podemos dar referencias de comportamiento y normas a nuestro hijo, que las necesita para su desarrollo y la formación de sus valores. Es decir, para convertirse en un adulto emocionalmente maduro.

Muchas de las cuestiones que plantean los niños o los adolescentes son difíciles de concretar o, incluso de abordar, por sus padres. Una forma de abordar esas cuestiones, puede ser responder con sentido común y ser sincero, pero puedes emplazarlo para comentarlo otro día. Ese otro día, puedes tener ya las respuestas a las cuestiones porque te has asesorado convenientemente.

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