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¿Y si tu hijo es más capaz de lo que el colegio cree? Señales de altas capacidades que no debes ignorar

Hay una escena que muchas de nosotras hemos vivido o conocemos de cerca: llamas a la maestra para hablar de tu hijo —porque en casa no para de hacer preguntas, desarma juguetes para ver cómo funcionan, lee libros que no son para su edad— y ella te dice, con mucha amabilidad, que «está bien, es un niño normal». Y tú te quedas con esa sensación rara. La de saber que algo pasa, pero no saber cómo nombrarlo.

A veces ese algo tiene nombre: altas capacidades. Y no, no es lo que la mayoría imagina.

Primero lo primero: ¿qué son las altas capacidades?

Cuando escuchamos «niño con altas capacidades» casi siempre pensamos en el que saca diez en todo, el primero de la clase, el pequeño genio sin esfuerzo. Pero la realidad es mucho más compleja. Un niño con altas capacidades puede tener notas mediocres, puede aburrirse tanto en el salón que se porta mal, puede parecer distraído o incluso «problema». No es necesariamente el más aplicado: es el que procesa la información de manera diferente, más rápida, más profunda.

Y aquí está el truco cruel del sistema: los niños que se adaptan mal, que se aburren, que no encajan, son los que más fácilmente caen en el olvido. Especialmente las niñas, que aprendemos desde pequeñas a ocultar lo que sabemos para no «sobresalir de más».

Señales que puedes observar tú, en casa

No necesitas una evaluación psicológica para empezar a notar. Estas son algunas pistas que como mamás podemos ver antes que cualquier maestro:

  • Hace preguntas que te dejan sin respuesta. Y no se conforma con «porque sí». Quiere entender el fondo de todo.
  • Aprende rápido lo que le interesa, pero se niega a repetir lo que ya sabe. La escuela le parece lenta.
  • Tiene un sentido de la justicia muy desarrollado para su edad. Se frustra o se angustia cuando algo le parece injusto.
  • Prefiere hablar con adultos o con niños mayores. Con los de su edad a veces no encuentra de qué hablar.
  • Es muy sensible emocionalmente. Llora con las noticias, se preocupa por el planeta, siente todo muy intenso.
  • Se aburre con facilidad y cuando se aburre, se desconecta o se porta difícil.

Ninguna señal por sí sola es diagnóstico. Pero si identificas varias juntas, vale la pena prestar atención.

Las que más se pierden: niñas y niños de entornos vulnerables

Esto me parece importantísimo de decir: las altas capacidades no distinguen nivel socioeconómico ni género, pero el sistema sí los discrimina. Una niña de familia con pocos recursos que podría tener altas capacidades muchas veces no recibe evaluación porque nadie la propone, porque en su escuela no hay recursos, o porque sus padres no saben que eso existe. Y una niña —de cualquier entorno— que aprende a portarse bien y a hacer lo que le piden pasa invisible aunque por dentro se esté muriendo de aburrimiento.

En México, esto es una realidad cotidiana. No tenemos suficientes especialistas, no hay protocolos claros en la mayoría de las escuelas públicas, y la detección depende demasiado de que una maestra particular tenga el ojo puesto. Por eso nosotras, como mamás, somos muchas veces la primera línea de identificación.

¿Qué hacer si crees que tu hijo puede tener altas capacidades?

Primero, no entres en pánico ni en el extremo contrario: no vayas a la escuela convencida de que tu hijo es un genio incomprendido. Ve con curiosidad y apertura.

Algunos pasos concretos que puedes dar hoy:

  1. Habla con su maestra y comparte lo que observas en casa, con ejemplos concretos. Pide su perspectiva sin confrontar.
  2. Solicita una evaluación psicopedagógica. En México puedes pedirla en el USAER (Unidades de Servicios de Apoyo a la Educación Regular) de la escuela pública, o con un psicólogo educativo de manera privada.
  3. Mientras tanto, aliméntalo en casa. Lecturas, museos, conversaciones profundas, proyectos que lo reten. No tienes que esperar a que el sistema se ponga al día.
  4. Busca comunidades de apoyo. Hay grupos de padres de niños con altas capacidades en redes sociales donde encontrarás orientación y, sobre todo, compañía.

Si tu instinto de mamá te dice que hay algo especial en cómo piensa tu hijo, no lo ignores. No porque «especial» signifique perfecto o fácil —los niños con altas capacidades también sufren, también tienen dificultades, también necesitan apoyo— sino porque todos los niños merecen que alguien los vea de verdad.

El sistema educativo tiene muchas limitaciones. Pero nosotras somos las primeras en conocer a nuestros hijos. Y esa es una ventaja enorme que no debemos subestimar.

Fuente: El País — Educación

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