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¿Tu hijo no quiere leer y tu hija dice que las matemáticas ‘no son lo suyo’? Esto sí lo podemos cambiar desde casa

Hubo un momento en que mi hijo llegó de la escuela con su libro de lectura obligatoria y me preguntó si podía simplemente ver la película. Y yo, siendo honesta, entendí perfectamente la tentación. Pero también supe que ahí había algo que necesitaba atender. Porque la lectura no es solo una tarea escolar —es la habilidad que abre el mundo entero.

Un informe internacional acaba de confirmar algo que muchas maestras y mamás ya intuíamos: las niñas aventajan a los niños en lectura hasta por un año escolar completo, mientras que los niños siguen llevando ventaja en matemáticas, aunque la brecha ya se está cerrando en ciencias. Estos datos no son para alarmarnos ni para meter a nuestros hijos en una categoría. Son para recordarnos que podemos hacer mucho desde casa para acompañarlos mejor.

Por qué existen estas diferencias (y qué no significan)

Primero lo más importante: que tu hijo no le agarre el gusto a la lectura, o que tu hija diga que las matemáticas no son lo suyo, no significa que tienen un problema ni que son menos capaces. Estas diferencias tienen que ver con cómo se enseña, qué se valora culturalmente y cómo los criamos desde pequeños. A los niños casi nunca se les regalan libros de aventuras con protagonistas masculinos interesantes; a las niñas rara vez se les presenta la matemática como algo emocionante y accesible para ellas.

La buena noticia es que el cerebro de un niño o una niña en edad escolar todavía está muy moldeable. Y tú, desde tu casa, tienes más influencia de la que crees.

Cómo despertar el amor por la lectura en los niños

El secreto con los niños que no quieren leer suele ser el mismo: todavía no encontraron el libro correcto. La lectura obligatoria en la escuela frecuentemente no toma en cuenta los gustos reales de los niños. Aquí hay algunas ideas que funcionan:

  • Deja que elija él. Llévalo a una librería o biblioteca y que escoja. Aunque elija algo de dinosaurios, videojuegos o fútbol —eso también es leer.
  • Empieza por el formato que le guste. Las novelas gráficas, los cómics y los libros ilustrados son lectura real y válida. No hay jerarquía.
  • Lee tú también. Si nos ven leer, normalizamos el hábito. No hay que forzarlos si ven que en casa se lee.
  • Lee con ellos en voz alta. No solo cuando son bebés —con niños de 8, 10, incluso 12 años funciona leer juntos antes de dormir.

Para niños más grandes, los audiolibros también cuentan. Lo que buscamos es que el lenguaje y las historias entren por donde puedan.

Cómo acercar a las niñas a las matemáticas sin que se sientan evaluadas

El problema con las matemáticas y las niñas no es de capacidad —es de confianza. Muchas niñas aprenden desde pequeñas que las mates son para los niños, y eso basta para que se desconecten antes de intentarlo de verdad. Lo que nosotras podemos hacer:

  • Muéstrale que las matemáticas están en todas partes. Cocinar es multiplicar y dividir. Ir al mercado es calcular y comparar. El bordado y el tejido son patrones y geometría. Haz visible lo invisible.
  • Evita decir «yo tampoco era buena en matemáticas». Lo decimos con la mejor intención, pero las niñas lo interiorizan como permiso para rendirse.
  • Busca referentes femeninos en ciencias. Hay apps, libros y canales de YouTube con matemáticas y ciencias protagonizadas por mujeres. Que vea que no es territorio ajeno.
  • Celebra el proceso, no solo el resultado correcto. Un «qué bien que lo intentaste» vale más que cualquier calificación cuando la respuesta fue equivocada pero el esfuerzo fue real.

Ideas concretas según la edad

De 3 a 6 años: Cuentos con personajes llamativos y muchas ilustraciones para ellos; juegos de bloques, rompecabezas y contar objetos cotidianos para ellas.

De 7 a 10 años: Para los niños, libros de su tema favorito —deportes, animales, aventuras—; para las niñas, juegos de mesa con estrategia como Monopoly o Quoridor.

De 11 a 14 años: Con los niños, diarios de viaje o escritura libre sin corrección; con las niñas, explorar el mundo STEM a través de robótica casera, cocina con mediciones exactas o astronomía.

La clave en cualquier edad es que se sienta como exploración, no como tarea.

Lo que de verdad importa

Ningún informe internacional nos dice cómo es nuestro hijo o nuestra hija específicamente. Hay niños que leen con voracidad y niñas que aman las matemáticas —y al revés. Lo que los datos nos recuerdan es que los estereotipos pueden limitar a nuestros hijos si no los cuestionamos activamente desde casa.

Y eso sí lo podemos hacer nosotras: crear un espacio donde leer sea placentero para todos, donde las matemáticas no tengan género, y donde cada quien descubra a su ritmo que aprender puede ser la aventura más larga y más buena de su vida.

Fuente: El País — Educación

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