Entradas del blog

Mamá Extrema > Crianza > Tres segundos son suficientes: lo que el caso del niño en el foso de cocodrilos nos enseña sobre proteger a nuestros hijos

Tres segundos son suficientes: lo que el caso del niño en el foso de cocodrilos nos enseña sobre proteger a nuestros hijos

Cuando vi la noticia, tuve que respirar profundo antes de seguir leyendo. Un niño de tres años. Un foso de cocodrilos. Un hombre detenido. Son apenas unas palabras en un titular, pero detrás de ellas hay una historia que a cualquier mamá le revuelve el estómago y le hace querer abrazar a sus hijos ahora mismo, aunque estén dormidos.

No voy a repetir los detalles —la noticia habla sola— pero sí quiero que hablemos de lo que nos deja: esa sensación de vulnerabilidad que sentimos cuando nos recuerdan que el mundo puede ser peligroso para los niños pequeños, y que nuestra vigilancia es, literalmente, lo que los mantiene a salvo.

Los peligros ocurren en segundos —de verdad, en segundos

Cualquier mamá que haya tenido un niño de dos o tres años sabe lo que es ese momento en que volteas a sacar una cosa de la bolsa y cuando levantas la vista ya no está donde estaba. Son segundos. Literalmente, segundos. Y en esos segundos, un niño puede subirse a algo, caerse, correr hacia una calle, o acercarse a algo peligroso.

No digo esto para asustarte. Lo digo porque reconocerlo nos hace más presentes, más atentas. No somos malas mamás cuando nos distraemos —somos humanas— pero los niños de esta edad no tienen la capacidad de calcular el riesgo todavía. Ese instinto de autoprotección se desarrolla con los años. Mientras tanto, somos nosotras su sistema de seguridad completo.

En espacios públicos con atracciones, la supervisión tiene que ser de mano

Los zoológicos, parques, museos, centros comerciales… son lugares maravillosos para los niños. También son espacios donde los pequeños pueden desorientarse, perderse o acercarse a zonas de riesgo en un parpadeo. Aquí van algunas cosas que a mí me han funcionado cuando salgo con los míos:

  • La regla de la mano: en espacios con atracciones o animales, la mano no se suelta. Punto. Sin negociaciones, sin «ya soy grande».
  • Hablar antes de entrar: explicarle al niño qué vamos a ver, qué está permitido y qué no. Los niños entienden más de lo que creemos cuando se los decimos a su nivel.
  • Identificación de emergencia: en salidas largas, una pulsera con número de teléfono o una notita en el bolsillo puede marcar la diferencia si el niño se separa del grupo.
  • Definir quién está a cargo: si vamos en grupo familiar o con amigas, acordar en voz alta quién cuida al niño en cada momento. El «yo creí que tú lo tenías» es una de las situaciones más peligrosas que existen, y nos ha pasado a todas.

Más allá del descuido: quién está cerca de nuestros hijos también importa

En este caso, la policía detuvo a un hombre. Eso nos dice que no fue solo una distracción o un accidente: hay algo más detrás. Y esa parte de la historia me recuerda algo que muchas veces no nos atrevemos a decir en voz alta: no todos los adultos que están cerca de nuestros hijos son personas seguras.

No se trata de vivir con paranoia, sino de confiar en nuestro instinto. Si algo en la dinámica de un adulto con tu hijo te incomoda —aunque no puedas explicar exactamente por qué— eso vale. Nadie tiene derecho a estar a solas con tu hijo si tú no te sientes bien con eso. Nadie. Y enseñarles a los niños desde pequeños que su cuerpo les pertenece, y que pueden decirle «no» a cualquier adulto que los haga sentir incómodos, es una de las conversaciones más importantes que podemos tener con ellos.

En México, como en muchos países de América Latina, solemos confiar mucho en el círculo cercano —familia, vecinos, conocidos— y a veces eso nos hace bajar la guardia. El instinto maternal existe por algo: úsalo.

El miedo que nos une y lo que hacemos con él

El miedo de que algo le pase a nuestro hijo es universal. Atraviesa idiomas, fronteras y clases sociales. Cuando leemos noticias como esta, ese miedo se activa —y está bien que así sea, porque eso significa que amamos profundamente a nuestros hijos.

Pero en lugar de quedarnos con la angustia, transformémosla en acción concreta: hoy, recordemos la regla de la mano en lugares públicos. Hablemos con nuestros hijos sobre el cuerpo y la confianza. Sigamos presentes, aunque el celular llame la atención. Y mandemos toda la fuerza del mundo a esa familia que hoy atraviesa algo inimaginable.

El niño, por fortuna, recibe atención médica y los reportes dicen que sigue estable. Ojalá se recupere pronto. Ojalá.

Fuente: BBC Mundo

Firma Chuy Cruz

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *