La semana pasada salí del cine con una mezcla rara de nostalgia y preocupación. No era solo por lo que pasó en la pantalla, sino por lo que vi antes de que la película empezara: cuatro niños en la fila de enfrente, cada uno con un teléfono en la mano, sin voltear a verse. Y cuando arrancó Toy Story 5 y apareció ese mundo donde los juguetes de siempre conviven con una infancia completamente distinta, me pregunté: ¿cuándo fue que los niños dejaron de necesitar a sus juguetes para ser felices?
Toy Story siempre ha sabido tocarnos en lo más profundo. Pero esta quinta entrega hace algo diferente: nos pone un espejo. Y lo que refleja no siempre es cómodo de ver.
Una infancia que ya no juega igual
Hay algo en la premisa de Toy Story 5 que golpea directo: los juguetes clásicos —esos que dependían de la imaginación de un niño para cobrar vida— ahora compiten con un mundo digital que entretiene sin esfuerzo, sin fricción, sin dejar espacio al aburrimiento. Y el aburrimiento, como muchas pediatras nos han dicho, es exactamente donde nace la creatividad.
Según datos del Instituto Mexicano del Seguro Social, los niños entre 2 y 12 años pasan en promedio más de 4 horas diarias frente a pantallas. No estamos hablando solo de videojuegos o contenido educativo: hablamos de videos en loop, reels, contenido pasivo que no exige nada del cerebro más que recibir estímulos. La película lo capta con mucha honestidad: los juguetes ya no son abandonados porque el niño creció, sino porque la tablet llegó primero.
Lo que Toy Story 5 pone sobre la mesa
Sin querer hacer spoilers de más, lo que la película plantea —con esa ternura que es la firma de Pixar— es si los juguetes todavía tienen lugar en la vida de los niños de hoy. Y la respuesta que da la historia no es nostálgica ni moralista: es honesta.
Los juguetes en Toy Story representan algo más que objetos: representan el juego libre, el juego de roles, la narrativa que el niño inventa desde adentro. Ese tipo de juego —que los psicólogos del desarrollo llaman juego simbólico— es fundamental para desarrollar empatía, resolución de conflictos y lenguaje emocional. Cuando ese espacio desaparece, sustituido por contenido prediseñado donde todo ya está resuelto y animado, algo importante se pierde en el camino.
Lo que Toy Story 5 hace muy bien es no culpar a nadie. No culpa a los papás que dan la tablet para poder cocinar, ni a los niños que prefieren YouTube. Muestra un mundo cambiado y personajes que tienen que encontrar su lugar en él. Eso, para mí, fue lo más valioso de toda la película.
El exceso de pantallas: lo que la ciencia dice (y lo que yo he vivido en casa)
No voy a mentirte: yo también le he puesto el teléfono a mis hijos cuando necesitaba 20 minutos de paz. Todas lo hemos hecho. El problema no es ese momento de emergencia —el problema es cuando se vuelve el modo por defecto, el primer recurso en lugar del último.
La OMS recomienda que los niños menores de 5 años no pasen más de una hora diaria frente a pantallas, y que ese tiempo sea con un adulto presente. Pero en la práctica, ¿cuántas de nosotras podemos cumplir eso al cien por ciento con jornadas dobles, trabajo y casa? La realidad de las mamás mexicanas es compleja, y de eso no me olvido. Lo que sí podemos hacer es ser más conscientes, no desde la culpa sino desde la curiosidad: ¿qué está viendo mi hijo? ¿Hay tiempo en el día para aburrirse, para inventar algo con bloques, con tierra, con papel?
Lo que podemos hacer sin volvernos locas en el intento
Toy Story 5 no da recetas, y creo que eso es exactamente lo correcto. Lo que sí hace es recordarnos que el juego no es un lujo de la infancia: es la forma en que los niños procesan el mundo, se conocen a sí mismos y aprenden a relacionarse con otros. Y que cada vez que hacemos espacio para ese juego —aunque sea media hora sin pantallas, aunque sea jugar con ellos en el piso aunque estemos agotadas— estamos invirtiendo en algo que ninguna aplicación puede reemplazar.
Si todavía no la han visto con sus hijos, les recomiendo mucho que la vean. Y que después de salir, en lugar de sacar el teléfono en el coche, le pregunten: ¿con cuál juguete jugarías tú si fueras Woody? Las respuestas te van a sorprender.
¿Tus hijos todavía juegan con juguetes físicos? ¿Cómo manejas el tiempo de pantallas en casa? Cuéntame en los comentarios — me encanta saber cómo lo están resolviendo otras mamás.

