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Por qué no podemos dejar de ver videos de casas de acumuladores (y qué nos dicen sobre nuestro hogar)

Lo admito: he perdido más de media hora viendo esos videos. Ya sabes cuáles. Entras a TikTok o YouTube buscando nada en particular y de repente estás hipnotizada viendo cómo alguien limpia una casa que acumuló décadas de objetos, capas y capas de cosas que alguna vez significaron algo para alguien. Y no puedes parar.

No soy la única. Estos videos tienen millones de reproducciones en todo el mundo, y hay algo en ellos que nos engancha de una manera que va más allá del morbo. Hoy quiero hablar de eso, porque creo que lo que sentimos al verlos nos dice algo importante sobre nosotras, nuestros hogares y, sobre todo, nuestros hijos.

¿Por qué no podemos dejar de verlos?

Los psicólogos tienen un nombre para la satisfacción que sentimos al ver el orden emerger del caos: completion satisfaction, la satisfacción de presenciar una tarea terminada. Nuestro cerebro libera dopamina cuando observa algo resolverse, aunque no seamos nosotras quienes lo estamos haciendo. Es la misma razón por la que vemos videos de power washing o de personas haciendo listas y tachando pendientes uno por uno.

Pero hay algo más. Muchas mamás me han dicho que ver esos videos les genera una mezcla rara de alivio y culpa. Alivio porque «mi casa no está tan mal». Culpa porque inmediatamente miran el rincón de la sala donde llevan meses acumulando cosas «por si acaso». Y eso, querida lectora, es exactamente el punto de partida que quiero explorar.

El acaparamiento compulsivo: más que desorden

El trastorno de acumulación compulsiva —porque sí, es un trastorno reconocido— afecta a entre el 2 y el 6% de la población mundial, según datos de la Organización Mundial de la Salud. En México, como en muchos países latinoamericanos, existe además una capa cultural que complica el diagnóstico: «guardar por si se ofrece» es casi un valor familiar. ¿Cuántas de nosotras crecimos con abuelas que guardaban bolsas de plástico dobladas con cariño o frascos vacíos que «iban a servir»?

La diferencia entre ser precavida y tener un problema real está en si el desorden genera sufrimiento o pone en riesgo la salud y la seguridad del hogar. Cuando los pasillos están bloqueados, cuando no hay espacio para que los niños jueguen sin peligro, cuando aparecen humedad, plagas o caídas frecuentes… ahí ya estamos hablando de otra cosa.

Lo que el entorno le dice a nuestros hijos

Aquí viene la parte que más me importa como mamá: los niños que crecen en hogares con acumulación severa pueden verse afectados de maneras que no siempre reconocemos. No estoy hablando de la casa con juguetes regados —eso es vida normal con hijos—, sino de entornos donde el desorden genera estrés crónico.

Investigaciones sobre desarrollo infantil señalan que los espacios físicos influyen directamente en la capacidad de concentración y regulación emocional de los niños. Un hogar caótico puede elevar los niveles de cortisol —la hormona del estrés— tanto en adultos como en pequeños. Además, los hábitos que modelamos en casa, incluyendo cómo manejamos el desorden y los objetos, se convierten en el punto de referencia que nuestros hijos llevarán consigo toda la vida.

Lo que sí podemos hacer (sin volvernos minimalistas de golpe)

No te estoy pidiendo que conviertas tu casa en un catálogo de muebles. Eso no es realista ni necesario. Pero hay cosas concretas que sí marcan diferencia:

  • Involucra a tus hijos en el orden desde pequeños. No como castigo, sino como rutina. Guardar los juguetes antes de dormir es un hábito que se construye con constancia, no con regaños.
  • Identifica los puntos críticos de seguridad. ¿Hay cajas apiladas que podrían caer? ¿Pasillos bloqueados en caso de emergencia? Esos son los primeros que hay que atender, hoy.
  • Una vez por temporada, revisa lo que ya no sirve. No tienes que tirar todo de un jalón. Una caja de «donar» cada tres meses hace una diferencia enorme sin agobiar a nadie.
  • Si sientes que el desorden te rebasa emocionalmente, pide ayuda. Muchas veces guardar objetos es una forma de procesar pérdidas o ansiedades. Una psicóloga puede ayudarte a entender qué hay detrás de esa dificultad para soltar.

Creo que si esos videos nos atrapan tanto es porque todas, en algún nivel, soñamos con espacios que reflejen quiénes queremos ser: mamás que crean ambientes seguros y cálidos para sus familias. Y ese deseo es completamente válido.

El hogar perfecto no existe, y tampoco es el objetivo. El objetivo es un hogar donde tus hijos puedan crecer con seguridad, donde haya espacio para jugar, para respirar, para estar en paz. Eso sí está en nuestras manos, un cajón a la vez.

Fuente: BBC Mundo

Firma Chuy Cruz

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