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Por qué el número de niños en el salón importa más de lo que crees

¿Alguna vez has entrado al salón de tu hijo y sentiste que había demasiados niños apretujados en ese espacio? Yo sí. Y aunque me dije que era normal, que así era la escuela pública, algo me seguía incomodando. Con el tiempo entendí que ese malestar tenía nombre: se llama ratio alumno-maestro, y tiene un impacto real en lo que tu hijo aprende cada día.

No es un tema abstracto de política educativa. Es algo que se vive en el cuaderno sin calificar, en la pregunta que tu hijo no se atrevió a hacer, en la maestra que lleva treinta alumnos encima y aun así llega temprano y se queda tarde. Hoy quiero hablar de esto porque creo que, como mamás, necesitamos entender qué está en juego.

¿Qué significa exactamente la «ratio» en el salón?

La ratio es simplemente el número de estudiantes que tiene a cargo un solo docente. En México, en muchas escuelas públicas de educación básica, ese número ronda entre 28 y 35 niños por grupo. En algunos estados y zonas urbanas de alta demanda, puede ser más. En contraste, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) recomienda no superar los 20 alumnos por maestro en primaria.

Pasar de 28 a 22 estudiantes no suena a gran cosa. Pero para un docente, esa diferencia se traduce en minutos reales de atención individual. En poder notar que Sofía no entendió la división. En tener tiempo de escuchar a Miguel cuando algo le pasa. No es comodidad lo que se gana: es tiempo pedagógico, y ese tiempo vale oro.

Lo que una mamá ve cuando el grupo es demasiado grande

No necesitamos un estudio para saberlo. Lo vemos en casa: el hijo que llega con tarea sin explicación porque «la maestra no alcanzó a explicarles». La niña tímida que nunca levanta la mano porque sabe que no habrá turno para ella. El maestro que manda recados a las once de la noche porque es la única hora en que puede contestar mensajes.

Hay evidencia consistente de que los grupos más pequeños benefician especialmente a los niños en situación de vulnerabilidad. Los que vienen de familias con menos recursos, los que tienen alguna dificultad de aprendizaje, los que no tienen en casa a alguien que pueda reforzar lo que no se entendió en clase. Reducir las ratios no es un capricho de docentes que quieren trabajar menos: es una condición para que la escuela cumpla su promesa de igualdad.

¿Qué podemos hacer desde casa y desde la escuela?

Sé que como mamás a veces sentimos que estos temas son demasiado grandes para nosotras. Que la política educativa la deciden otros. Pero no es del todo cierto. Hay cosas concretas que sí podemos hacer:

  • Conoce el tamaño del grupo de tu hijo y compáralo con los estándares recomendados. No para alarmarte, sino para tener información.
  • Habla con la dirección de la escuela si el grupo supera los 30 alumnos. Pregunta si existe la posibilidad de redistribución o de solicitar recursos adicionales a la supervisión escolar.
  • Participa en la Asociación de Padres de Familia (APF). Colectivamente, los padres tienen mucho más peso del que creemos para exigir condiciones dignas de aprendizaje.
  • Apoya a la maestra, no la satanices. Una docente con 32 niños a cargo no está fallando: está sobreviviendo. Entenderlo cambia la relación y permite trabajar juntos.

El fondo del asunto: equidad no es lo mismo que igualdad

Hay algo que me parece importante decir: reducir las ratios en escuelas privadas de élite donde ya hay 15 niños por salón no cambia mucho. El efecto más poderoso ocurre en las escuelas públicas, especialmente en zonas de alta marginación. Ahí es donde un maestro con menos alumnos puede ser la diferencia entre un niño que aprende a leer bien y uno que llega a secundaria con rezago.

La equidad educativa no se logra dándole lo mismo a todos. Se logra dándole más a quien más lo necesita. Y a veces eso empieza por algo tan sencillo —y tan difícil de lograr— como un salón con menos niños y un maestro con más tiempo para cada uno.

Como mamás, merecemos entender estos mecanismos. Y nuestros hijos merecen escuelas donde el maestro los vea, los escuche y tenga tiempo de enseñarles de verdad.

¿Sabes cuántos niños hay en el salón de tu hijo? Te leo en los comentarios.

Fuente: El País Educación

Firma Chuy Cruz

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