Hay una conversación que tengo repetida en la cabeza cada vez que llego al súper con los niños: ellos jalando hacia los Cheetos, yo jalando hacia los tomates. Y en algún pasillo me pregunto: ¿cuándo se rompió esa cadena? Si yo crecí comiendo lo que hacía mi mamá, y mi mamá lo que hacía la suya… ¿cómo llegamos hasta aquí?
Me topé hace unos días con algo que me dejó pensando: Italia —el país de la dieta mediterránea, del aceite de oliva, las verduras frescas y la pasta hecha en casa— tiene algunos de los índices de sobrepeso infantil más altos de Europa, según datos de la OMS. Y me pregunté en voz alta: si ellos, con toda esa tradición culinaria detrás, la están perdiendo en una generación, ¿qué nos dice eso a nosotras?
La comida «de siempre» ya no es la de siempre
El problema no es que las familias italianas hayan olvidado que existe el jitomate. Es que la vida moderna cambió sin pedir permiso: jornadas largas de trabajo, pantallas en cada mano, alimentos ultraprocesados más baratos que las verduras frescas, y una industria alimentaria que lleva décadas perfeccionando la fórmula para que los niños quieran más y más de lo que menos les conviene.
Eso nos suena familiar, ¿verdad? En México llevamos años viendo la misma tendencia. La ENSANUT ha documentado que más del 35% de los niños en edad escolar tiene sobrepeso u obesidad. No porque las mamás mexicanas seamos descuidadas —al contrario— sino porque el entorno que rodea a nuestros hijos cambió de fondo, y a veces sin que nos diéramos cuenta.
Las trampas que no siempre vemos
Una de las cosas que aprendí cuando me puse a investigar este tema es que el problema no es solo qué comen los niños, sino cómo y cuándo. Comer frente a la tele o el celular —sí, nosotras también somos culpables a veces—, las prisas que nos obligan a resolver con algo rápido, los ultraprocesados disfrazados de «saludables» con etiquetas de colores brillantes…
En Italia, lo que se perdió no fue el conocimiento de que el aceite de oliva es mejor que la margarina. Lo que se perdió fue el tiempo: la sobremesa, cocinar juntos, comer sin prisa. Y eso, en el fondo, es lo mismo que estamos perdiendo muchas familias mexicanas.
Lo que sí podemos hacer (sin volverlo un drama)
Aquí viene la parte que más me importa compartirte, porque no quiero que este post te deje sintiéndote culpable —ya cargamos con suficiente— sino con algo concreto en la mano:
- Cocina con ellos, aunque salga imperfecto. Los niños que participan en preparar la comida tienen más disposición a probarla. No importa si el arroz queda algo batido; lo que importa es que ellos lo hicieron.
- Sin pantallas en la mesa, para todos. Cuando comemos con atención, el cuerpo registra mejor la saciedad. Y la comida se vuelve un momento familiar, no un trámite entre pendientes.
- No demonicemos ningún alimento. Prohibir los Cheetos los hace más deseables. Mejor normalizarlos como «comida de a veces» y dar acceso cotidiano a las opciones nutritivas.
- Recuperemos las recetas de abuela. El caldo de pollo, los frijoles de olla, la fruta de temporada con chile y limón… nuestra cocina tradicional tiene una base nutritiva que no deberíamos cambiar por la comodidad de lo empaquetado.
- Busca aliados, no jueces. Habla con la escuela, con la familia, con las amigas. Los hábitos se construyen en comunidad, no solo en casa.
No tenemos que ser perfectas, tenemos que ser constantes
Lo que le pasó a Italia no es una catástrofe, es un espejo. Y lo mismo aplica para nosotras: no se trata de convertir cada comida en un ejercicio de perfección nutricional, sino de ir haciendo pequeños ajustes que, con el tiempo, construyan un entorno más sano para los nuestros.
Yo no soy nutrióloga ni dietista. Soy mamá, y sé lo que se siente ver a tus hijos preferir el pan dulce a las manzanas y preguntarte si estás haciendo algo mal. La respuesta corta es: probablemente no. La respuesta larga es que todas estamos navegando en el mismo mar, y vale la pena ayudarnos a mantener el rumbo.
Si este tema te resuena, cuéntame en los comentarios: ¿cuál es el hábito alimenticio que más trabajo te ha costado establecer en tu familia? Me encantaría leer.

