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Niño violento y peleador

Niño violento y peleador

Los niños, desde pequeños, experimentas sentimientos de ira que no son más que un estado emocional, provocado por diferentes motivos, ya pueden ser celos, alimentación inadecuada o enfermedades que los padres deben atender.

Pero cuando estos estallidos son un hábito, el niño se convierte en violento y gruñón, diríamos un presunto inadaptado.

Otro motivo de agresividad lo constituye la imitación que los niños hacen de los adultos que conviven con ellos, el matrimonio que discute delante de sus hijos con asiduidad, que se faltan al respeto recíprocamente, constituye un ejemplo deplorable para los estados emocionales infantiles.

Los adultos con casi en todos los casos responsables del temperamento violento y las peleas del niño con sus compañeros y amigos, pues éstos además del poder de imitación, tienen la contención de sentimientos que surgen cuando el niño tiene conciencia de poder dominar la situación.

Los arrebatos de agresividad son un rasgo normal en la infancia pero algunos niños persisten en su conducta agresiva y en su incapacidad para dominar su mal genio. Este tipo de niños hace que sus padres y maestros sufran siendo frecuentemente niños frustrados que viven el rechazo de sus compañeros no pudiendo evitar su conducta.

Hay niños que tienen tres formas típicas de proceder:

  • En la escuela, violentos y peleadores
  • En el hogar, serenos, dominables y en oposición, otros
  • Serenos  y tranquilos en la escuela y en el hogar perturbadores del orden.

Los motivos se den detectar en familia, ya sea en forma directa o indirecta, pero es importante dialogar con las demás personas encargadas de la educación del niño, para intimar sobre aspectos que acarrean los conflictos.

Siempre que el educador, que es cuando exhiben naturalmente su temperamento, hay que observar a los niños violentos y peleadores, se debe iniciar de inmediato la investigación de los motivos que provocan esta reacción.     Castigar y reprimir estos enojos puede originar otros desajustes que más tarde se manifiestan como falta de madurez.

Los juegos de grupo, el canto, la música y la danza suelen ser paliativos eficaces para moderar, pero no se puede prepara un fórmula general en tanto cada caso requiere un tratamiento diferente.

El castigo físico no es aconsejable en ninguno de los casos porque sus efectos son generalmente negativos: se imita la agresividad y aumenta la ansiedad del niño.

Algunas consideraciones sobre la represión en general

1.- Debe utilizarse de manera racional y sistemática para hacer mejorar la conducta del niño. No debe depender de nuestro estado de ánimo, sino de la conducta emitida.

2.- Al aplicar una represión es que no lo hagamos regañando o gritando, porque esto indica que nuestra actitud es vengativa y con frecuencia refuerza las conductas inaceptables.

3.- No  aceptar excusas o promesas por parte del niño.

4.- Hay que dar al niño una advertencia o señal antes de que se le aplique una represión.

5.- El tipo de represión y el modo de presentarlo debe evitar el fomento de respuestas emocionales fuertes en el niño.

6.- Cuando la represión consista en una negación debe hacerse desde el principio de forma firme y definitiva.

7.- Hay que combinar la represión con reforzamiento de conductas alternativas que ayudarán al niño a distinguir las conductas aceptables ante una situación determinada.

8.- No hay que esperar a que el niño emita toda la cadena de conductas agresivas para aplicar la represión, debe hacerse al principio.

9.- Cuando el niño es mayor, conviene utilizar la represión en el contexto de un contrato conductual, puesto que ello ayuda a que desarrolle habilidades de autocontrol.

10.- Es conveniente que la aplicación de la sanción requiera poco tiempo, energía y molestias por parte del adulto que lo aplique.

Las madres recién iniciadas en la tan compleja tarea de educar al hijo, deben tener toda clase de reparos para actuar naturalmente, reprimir sus estados de ánimo mostrándose siempre alegre y feliz, atendiendo al niño sin esclavizarse, ayudándole sin exageración y pensando siempre en la mañana de ese bebé que debe convivir en sociedad con miembros de diferentes personalidades y escalas jerárquicas, que serán necesarias para su desenvolvimiento social.

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