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Nació mientras su mamá estaba en un pulmón de acero: la historia que me recordó por qué vacunamos

Hay historias que te detienen en seco. Que lees una vez, y luego otra, y al final las dejas ahí, abiertas, porque necesitas un momento para procesar todo lo que contienen. La de Elizabeth y Susan es una de esas.

Elizabeth tenía cinco meses de embarazo en la década de 1950 cuando contrajo poliomielitis. Terminó dentro de un pulmón de acero —esa máquina enorme que respiraba por ella— y aun así, desde ahí adentro, siguió siendo mamá. Siguió cargando a su hija. Y Susan nació. Esta semana leí su historia en BBC Mundo y no pude dejar de pensar en lo que significa ser madre en condiciones que ninguna de nosotras podría imaginar.

¿Qué era el pulmón de acero y por qué existía?

Para las que no lo recuerdan o no lo vivieron: el pulmón de acero era un respirador artificial que se usaba con pacientes de polio severa. La enfermedad podía paralizar los músculos que controlan la respiración, y la única manera de mantener vivo al paciente era meterlo dentro de ese cilindro metálico que creaba presión para que los pulmones se expandieran y contrayeran. Algunos pacientes pasaban días ahí. Otros, años. Elizabeth fue uno de esos casos.

La poliomielitis —polio, para acortar— es una enfermedad viral que atacaba principalmente a niños y jóvenes. En los años cuarenta y cincuenta generó epidemias devastadoras en todo el mundo. En México también la vivimos: hubo brotes importantes que dejaron a miles con secuelas permanentes. La vacuna de Salk llegó en 1955 y la de Sabin —la oral, la que muchas recordamos de niñas— en los años sesenta. Gracias a ellas, la polio fue erradicada de América en 1994.

El amor que no necesita brazos libres

Lo que más me impacta de la historia de Elizabeth no es solo su fuerza física —aunque eso ya es increíble—, sino la decisión de seguir adelante con el embarazo en circunstancias tan extremas. No sabemos todo lo que vivió. No sabemos los miedos, las dudas, el dolor. Pero sabemos el resultado: Susan está aquí, ya adulta, contando la historia de su madre con una mezcla de asombro y gratitud que cruza la pantalla.

Las mamás cargamos a nuestros hijos de maneras que a veces ni nosotras mismas reconocemos. No siempre desde la salud plena, ni desde la estabilidad, ni desde la comodidad. A veces desde la cama de un hospital. Desde el agotamiento. Desde el miedo. Y aun así, seguimos.

Por qué esta historia importa hoy, aquí, en México

Podría quedarme solo con la parte inspiracional —y tiene mucho de eso—, pero sería deshonesta si no dijera lo que también me hizo pensar: la polio casi desapareció del mapa gracias a las vacunas. Casi. Porque en los últimos años ha habido rebrotes en países donde las coberturas de vacunación bajaron. Y eso nos incluye a nosotras como posibilidad, si dejamos caer la guardia.

En México, el esquema de vacunación gratuito del IMSS, del ISSSTE y de los Centros de Salud incluye la vacuna contra la polio desde los dos meses de vida. Es parte de las vacunas básicas que el gobierno ofrece sin costo. No llevar a tu hijo a sus citas de vacunación no es una decisión neutral: es dejar una ventana abierta a enfermedades que ya no deberían existir.

No lo digo para regañar a nadie. Lo digo porque Elizabeth no tuvo esa opción. Ella enfermó antes de que existiera la vacuna. Nosotras sí la tenemos.

Lo que podemos hacer hoy

Si tu hijo está al corriente con sus vacunas, bien. Si no estás segura, revisa la cartilla de vacunación —la amarilla, la que nos dan al nacer— y consulta con tu médico o acude al centro de salud más cercano. Las vacunas en el esquema básico son gratuitas y están disponibles en todo el país.

Y si alguien en tu círculo duda de vacunar a sus hijos, comparte esta historia. No como argumento de debate, sino como recordatorio de que estas enfermedades existieron, devastaron familias, y que hoy las podemos prevenir con algo tan sencillo como una visita al médico.

Elizabeth estuvo en un pulmón de acero y aun así nos dio a Susan. Nosotras podemos hacer mucho menos que eso para proteger a los nuestros.

Fuente: BBC Mundo — Salud

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