Entradas del blog

Mamá Extrema > Crianza > Los grupitos en la escuela: cómo ayudar a tu hijo cuando siente que no encaja

Los grupitos en la escuela: cómo ayudar a tu hijo cuando siente que no encaja

Recuerdo perfectamente el día que mi hija llegó de la escuela con esa mirada. No lloraba, pero tampoco hablaba. Se fue directo a su cuarto y cerró la puerta. Tardé un rato en que me contara lo que pasó: sus amigas habían formado un grupo de WhatsApp y a ella no la habían invitado. Para los adultos puede sonar pequeño. Para ella, en ese momento, era el fin del mundo.

Si tu hijo o hija ha vivido algo parecido, o si notas que de repente ya no quiere ir a la escuela, que habla menos de sus amigos o que regresa a casa con el ánimo por los suelos, puede que estés viendo los efectos de los grupitos —lo que en inglés llaman cliques—. Son esos grupos cerrados que se forman en los salones y que, muchas veces sin querer ser crueles, terminan dejando a otros niños fuera. Hablemos de esto con calma, porque tiene solución.

¿Qué son los grupitos y por qué aparecen?

Los grupitos son grupos sociales pequeños y cerrados que comparten intereses, formas de vestir o simplemente historia en común. No son pandillas ni nada peligroso en sí mismos —son una parte normal del desarrollo social, sobre todo entre los 8 y los 14 años—. El problema viene cuando se vuelven exclusivos de manera intencional: cuando alguien decide quién entra y quién no, cuando ridiculizan a los de afuera, o cuando la pertenencia al grupo se convierte en una forma de poder sobre los demás.

Los niños forman estos grupos porque necesitan identidad y pertenencia. Es completamente normal que busquen personas parecidas a ellos. El asunto es que, en esa búsqueda, a veces aprenden —sin darse cuenta— que excluir a otros los hace sentir más especiales. Y ahí es donde como mamás tenemos que estar atentas.

Señales de que tu hijo está siendo excluido

No siempre nos lo van a decir directamente. De hecho, casi nunca. Algunas señales que vale la pena tomar en cuenta:

  • Ya no quiere ir a la escuela o pone pretextos frecuentes para quedarse en casa.
  • Llega callado, irritable o triste sin explicación aparente.
  • Dejó de mencionar a amigos que antes nombraba todo el tiempo.
  • Se refugia más en pantallas o en estar solo.
  • Dice cosas como «nadie me pela» o «yo no les caigo bien».

Ninguna de estas señales por sí sola es una alarma, pero varias juntas, sostenidas en el tiempo, merecen una conversación.

¿Qué puedes hacer tú desde casa?

Primero: escucha antes de actuar. El impulso natural es llamar a la maestra, hablar con los papás del otro niño o darle un sermón a tu hijo sobre cómo ignorarlos. Todo eso puede esperar. Lo que tu hijo necesita primero es sentir que lo entiendes, no que le estás resolviendo la vida.

Pregúntale cómo se siente, no solo qué pasó. Hay una diferencia enorme entre «¿qué te hicieron?» y «¿cómo te sentiste cuando eso pasó?». La segunda pregunta abre la puerta; la primera suele cerrarla.

Después, puedes ayudarle a ampliar su círculo social fuera de la escuela: actividades extracurriculares, deportes, talleres. En México hay muchas opciones accesibles —casas de cultura, ligas deportivas barriales, grupos parroquiales— donde los niños pueden conocer personas fuera de su salón y descubrir que hay muchos lugares donde sí encajan.

También vale hablar honestamente sobre lo que son los grupitos. Dile que no todos los grupos son malos, pero que cuando un grupo necesita rechazar a otros para existir, eso dice más del grupo que del rechazado. Que no encajar en un grupito no significa que algo esté mal en él o en ella.

Si tu hijo es parte del grupito que excluye

Esto también pasa, y también hay que hablarlo. Si descubres que tu hijo está participando en excluir a un compañero —ya sea en persona o por mensajes—, la conversación tiene que ser directa pero sin drama: «¿Cómo crees que se siente ese niño cuando lo dejan fuera?» No se trata de hacer sentir mal a tu hijo, sino de desarrollar empatía. Los niños que aprenden a incluir hoy serán adultos que saben construir comunidades mañana.

Ser mamá de un niño en edad escolar es navegar constantemente entre querer protegerlos y dejarlos vivir su propio camino. Los grupitos son uno de esos temas que duelen —a ellos y a nosotras—, pero también son una oportunidad para enseñarles algo que ningún libro de texto cubre: que el valor de una persona no lo decide el grupo al que pertenece.

¿Tu hijo ha vivido algo así? ¿Cómo lo manejaron? Cuéntame en los comentarios —aquí somos muchas mamás pasando por lo mismo.

Firma Chuy Cruz

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *