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La maternidad no pide permiso: lo que nos enseña la alcaldesa japonesa que tomó su licencia sin disculparse

¿Cuántas de nosotras hemos sentido, en algún momento, que debíamos disculparnos por estar embarazadas? ¿Por pedir días de incapacidad? ¿Por llegar diez minutos tarde porque la noche anterior el bebé no durmió? Yo sí. Y apuesto a que tú también. Por eso cuando leí la historia de una alcaldesa japonesa que decidió tomarse su licencia de maternidad y el mundo entero se escandalizó, no pude evitar pensar: esto no es un problema de Japón. Es nuestro problema también.

Su nombre es Shoko Kawata, tiene 35 años y es la primera alcaldesa en la historia de Japón en tomarse una licencia por maternidad mientras ocupa el cargo. El comentario que más circuló fue devastador: "Debió quedar embarazada antes de ser elegida." Shoko respondió con una calma que me parece admirable: le encanta su trabajo y está orgullosa de tomarse ese tiempo para cuidar a su bebé. Punto. Sin disculpas.

El doble filo de ser mamá y profesional

Las mamás que trabajamos vivimos constantemente entre dos mundos que parecen exigir todo de nosotras al mismo tiempo. En el trabajo, que seamos igual de disponibles, productivas y ambiciosas que si no tuviéramos hijos. En casa, que seamos presentes, amorosas y entregadas como si no tuviéramos trabajo. Spoiler: ninguna de las dos versiones de nosotras existe en la realidad.

La historia de Shoko pone el dedo en una llaga muy vieja: la idea de que las mujeres, especialmente las que llegan a posiciones de poder, le deben algo a su cargo antes que a su familia. Como si el embarazo fuera un descuido profesional. Como si tener un bebé fuera traicionar a quienes votaron por ti, te contrataron o confiaron en ti. Esta lógica es injusta, y lo sabemos, pero igual la hemos internalizado muchas de nosotras.

En México también cargamos esa mochila

Aquí el panorama no es muy diferente. Muchas mujeres regresan al trabajo antes de que termine su licencia de maternidad —doce semanas por ley según el IMSS— no porque quieran, sino porque sienten presión de sus jefes o miedo de perder su lugar. En los sectores informales, que son mayoría en nuestro país, la licencia de maternidad ni siquiera existe en la práctica. Y en los empleos formales, muchas preferimos no decir que estamos embarazadas hasta que ya no se puede ocultar.

¿Por qué? Porque el juicio existe. Porque hay jefas y jefes que cambian el trato cuando saben que habrá una baja. Porque los comentarios de "¿y ahora quién va a cubrir tu trabajo?" se dicen en voz alta y sin vergüenza. El caso de Shoko, al otro lado del mundo, nos muestra que ese juicio no tiene fronteras ni idioma.

Tomarse ese tiempo no es debilidad: es salud

Lo que hace Shoko es exactamente lo que deberíamos poder hacer todas: ejercer un derecho sin tener que justificarlo. La licencia de maternidad no es un favor que nos hacen los empleadores ni una señal de debilidad. Es un período de recuperación física, de vínculo con el bebé y de adaptación familiar que tiene un impacto directo en el bienestar de la mamá y del recién nacido.

Las primeras semanas del posparto importan muchísimo para la salud emocional de la madre, para la lactancia cuando se elige y para el desarrollo del bebé. Recortar ese tiempo —o vivirlo con culpa— no le hace bien a nadie. Y sin embargo, seguimos normalizando que las mamás "vuelvan rápido" como si eso fuera una medalla de honor.

¿Y cómo dejamos de pedir perdón por ser mamás?

No tengo una receta mágica, pero creo que empieza por reconocer el discurso que llevamos dentro. ¿Cuántas veces te has disculpado por estar embarazada, por pedir tu licencia, por llegar al trabajo con ojeras de recién parida? Ese "lo siento" reflejo merece revisarse.

También empieza por apoyar a otras mamás en el trabajo en lugar de recargarles el juicio que ya carga la sociedad. Y por exigir —como ciudadanas, como trabajadoras, como votantes— que las políticas laborales en México se pongan al día con la realidad de las familias.

Shoko Kawata está cuidando a su bebé y al mismo tiempo mostrándole al mundo que se puede ser una funcionaria comprometida y una mamá sin tener que elegir entre las dos. Eso es lo que deberíamos aplaudir, no lo que dicen los comentarios de internet.

La maternidad no debería pedir perdón. Y nosotras tampoco.

¿Tú alguna vez te sentiste juzgada por tomarte tu tiempo de maternidad o por ser mamá en el trabajo? Cuéntame en los comentarios. Aquí no hay juicios, solo acompañamiento.

Fuente: BBC Mundo

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