Entradas del blog

Mamá Extrema > Crianza > El problema no es que los niños ya no respeten — lo que realmente está pasando en casa

El problema no es que los niños ya no respeten — lo que realmente está pasando en casa

Cuántas veces no hemos escuchado esa frase, en la reunión familiar, en la escuela, incluso entre amigas: «Los niños de hoy ya no respetan como antes.» Y yo misma lo he pensado alguna vez, no voy a mentirte. Pero después de mucho leer, observar y —sobre todo— de vivir la crianza en carne propia, me pregunto: ¿y si el problema no son los niños?

No lo digo para escapar de la crítica ni para voltear la mirada hacia otro lado. Lo digo porque cuando entendemos bien qué está pasando, podemos hacer algo real al respecto. Y eso es justo lo que quiero hablar hoy.

El respeto que pedimos versus el que modelamos

Hay una conversación que muchas mamás hemos tenido con nuestros hijos que suena más o menos así: «¡Te dije que me respetes!» — dicho a gritos, con el dedo apuntando, con una mirada que podría derretir paredes. Y el niño nos mira sin entender nada, porque en ese momento estamos pidiendo exactamente lo que no estamos mostrando.

El respeto no se exige. Se modela. Los niños aprenden a respetar cuando se sienten respetados: cuando sus opiniones cuentan aunque no siempre ganen, cuando sus emociones no se minimizan con un «no llores, no es para tanto», cuando les hablamos como personas, no como objetos que hay que programar. Eso no significa que no haya límites —sí los hay y son necesarios—, sino que los límites también pueden ponerse con respeto y con firmeza al mismo tiempo.

Lo que sí ha cambiado: el contexto, no los niños

Los niños de hoy no son más irrespetuosos que los de hace veinte años. Lo que ha cambiado es el mundo en el que crecen. Tienen acceso a información que sus papás no tenían. Están expuestos a miles de estímulos por hora. Viven en familias más diversas, con estructuras distintas y presiones distintas. Y al mismo tiempo, nosotras también estamos navegando territorios nuevos: el trabajo, la culpa, el cansancio, las redes sociales que nos dicen que nunca lo estamos haciendo bien.

Cuando un niño «no respeta», muchas veces lo que está pasando es que no tiene las herramientas para regular sus emociones, que necesita más conexión con nosotras, o que algo en su entorno no está funcionando. No es maldad. Es desarrollo. Y eso cambia completamente lo que tenemos que hacer.

La nostalgia de «antes» que nos puede confundir

Hay una trampa en la que es fácil caer: idealizar cómo se criaba «antes». Sí, los niños de generaciones anteriores quizás eran más callados, más obedientes. Pero también crecieron con más miedo, con menos espacio para expresar lo que sentían, con métodos que hoy sabemos que dejan huellas. La obediencia por miedo no es lo mismo que el respeto genuino.

No digo que todo lo de antes esté mal ni que todo lo de ahora esté bien. Digo que vale la pena preguntarnos: ¿qué tipo de respeto queremos enseñar? ¿El que viene del temor a las consecuencias o el que viene de entender por qué las cosas importan?

Entonces, ¿qué podemos hacer nosotras?

Primero, respirar. El perfeccionismo en la crianza nos agota y no nos lleva a ningún lado. Después, algunas cosas concretas que sí funcionan:

  • Ponerse a la altura del niño (literalmente): hablarle de frente, a los ojos, con calma.
  • Nombrar las emociones antes de corregir la conducta: «Veo que estás enojado. Eso está bien. Lo que no está bien es pegar.»
  • Ser consistentes con los límites, sin necesidad de subir la voz para que se cumplan.
  • Revisar nuestro propio trato: ¿cómo le hablamos cuando estamos cansadas, estresadas, abrumadas?

Ninguna lo hace perfecto. Yo tampoco. Pero sí podemos hacer algo diferente hoy que ayer.

El problema no es que los niños ya no respeten. El problema, muchas veces, es que nadie nos enseñó a pedir respeto de una manera que también lo enseñara. Y la buena noticia es que eso se puede aprender — a cualquier edad, en cualquier etapa de la crianza. Nunca es tarde para empezar de nuevo.

Firma Chuy Cruz

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *