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Calor en el salón: cómo proteger a tus hijos cuando la escuela no tiene aire

El otro día mi hija llegó de la escuela con la carita roja, el cabello pegado de sudor y un humor que no le conocía. «Mamá, en el salón hace un calor horrible», me dijo, y se tiró en el sillón como si hubiera corrido un maratón. Y no exageraba: ese día pasamos los 35 grados, y su salón no tiene ni ventilador, mucho menos aire acondicionado. Si eres mamá de algún lugar caluroso de México o Latinoamérica, seguro ya sabes de lo que hablo.

Me puse a leer sobre el tema y me topé con una nota que me dejó pensando: en España, apenas el 1% de las escuelas públicas está climatizado, y hay familias que terminan pagando de su bolsa el aire acondicionado de los salones. Si allá, con menos calor que nosotras, las cosas están así, imagínate aquí. No vengo a asustarte ni a echarle la culpa a nadie. Vengo a contarte lo que aprendí para cuidar a nuestros hijos mientras las escuelas se ponen al día.

Aprende a reconocer un golpe de calor a tiempo

Lo primero es saber distinguir entre «tiene calor» y «esto ya es peligroso». Un niño con golpe de calor puede tener la piel muy caliente y enrojecida, dolor de cabeza, mareo, náuseas, latidos acelerados y, en casos más serios, confusión o que deje de sudar aunque siga acalorado. Los más pequeños no siempre saben explicar lo que sienten, así que ponles atención si están irritables, decaídos o se quejan de la pancita.

Si notas estas señales, hay que actuar: llevarlo a un lugar fresco, darle agua a sorbos, aflojarle la ropa y refrescarle el cuello, la frente y las muñecas con un trapo húmedo. Si no mejora pronto o lo ves muy mal, al médico sin dudarlo. Más vale una visita «de más» que quedarnos con la duda.

La hidratación empieza desde la casa

No esperemos a que el niño tenga sed para darle agua, porque la sed ya es una señal de que va atrasado. Mándalo a la escuela con su termo lleno y, si puedes, recuérdale a la maestra que lo deje tomar agua durante la clase, no solo en el recreo. A los que les cuesta tomar agua sola, les funciona ponerles rodajas de limón o unas frutitas dentro del termo.

Ojo con los jugos azucarados y los refrescos: hidratan menos de lo que creemos y dan más sed. El agua simple sigue siendo la reina. Y en días de calor extremo, una buena lonchera con fruta fresca —sandía, melón, naranja— ayuda a sumar líquidos sin que el niño ni se dé cuenta.

Ropa fresca y trucos que sí funcionan

La ropa de algodón, holgada y de colores claros es nuestra aliada. Las telas sintéticas y oscuras guardan el calor y no dejan respirar la piel. Una gorra para la entrada y la salida, y zapatos cómodos y ventilados, hacen más diferencia de la que parece.

En casa puedes mandar una toallita húmeda en una bolsita para que se refresque, o congelar el termo la noche anterior para que el agua aguante fría más tiempo. Son detalles chiquitos, pero cuando el salón es un horno, suman.

Qué sí podemos pedirle a la escuela

Aquí no se trata de pelear, sino de organizarnos. Como mamás tenemos más fuerza juntas que solas. Vale la pena pedir, de buena manera, cosas concretas: ventiladores en los salones, que muevan las clases de educación física a la sombra o a horas más frescas, pausas para tomar agua, cortinas o películas para los vidrios que dan al sol, y que se respeten los protocolos cuando hay alertas de calor.

Muchas veces la escuela no actúa porque nadie ha planteado el problema en serio. Una carta firmada por varias familias, o llevar el tema a la reunión de padres, puede mover más de lo que imaginas. Y si en tu comunidad ya hay quien donó un ventilador o consiguió apoyo, compártelo: lo que a una le funcionó, a otra le puede servir.

Cuidarlos también es esto

A veces sentimos que cuidar a nuestros hijos es solo lo grande —las vacunas, la alimentación, la escuela—, y se nos olvida que también es esto: un termo con agua fría, una playera de algodón, estar pendientes de cómo regresan del salón. No podemos arreglar el clima ni construir aulas climatizadas de la noche a la mañana, pero sí podemos hacer que nuestros hijos pasen el calor más seguros y acompañados. Y eso, mamá, ya es mucho.

Fuente: El País

Firma Chuy Cruz

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