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Salvando a mi bebé con un rebozo

Salvando a mi bebé con un rebozo

Hace algunos días me encontré con este post en el Time Line de #Soymama Blog, está muy interesante ya que algunas ocasiones hemos escuchado decirnos las personas que están a nuestro alrededor que no carguemos demasiado a nuestros hijos porque se mal acostumbran, pues gracias a lo que se denomina ahora como “Crianza con apego” y a practicar el porteo y colecho, una madre le salvó la vida a su hija.

Este es un fragmento de tan linda historia, el link original lo encontrarán al final , tanto el que está en inglés como el de donde lo leí.

La historia empieza así:

Dí a luz en una tarde de febrero, por  cesárea. Un paquete de color rosa, chillón fue entregado a mí, y me miró cariñosamente a los ojos que parecían reconocerme. Me susurró palabras dulces de pertenecer a esta niña mía, y consolaba a sus gritos indignados. Ella era la hija que tan desesperadamente deseaba.

Una semana después de su nacimiento, un amigo me regaló una bandolera de anillas (Rebozo).  Después de dos semanas lo estaba usando constantemente. Una tarde, ella comenzó a llorar y gritar desconsoladamente. Ella arqueaba y movía las piernas desesperadamente, no aceptaba nada ni el pecho, ni el chupón ni mis brazos, la única cosa que callar sus gritos era el rebozo.

Repetidos viajes al médico no reveló nada. Comenzó a lastimarme cuando la amamantaba y ambas gritábamos. Empecé a darle fórmula.  Volvimos al médico, el reflujo, la intolerancia hacia la leche y el Retardo en el vaciamiento gástrico. Su aumento de peso era pobre, y los gritos acrecentaban su volumen.  Las noches eran largas, llenas de llantos, arqueos y acurrucando a la bebé. Hubo muchas noches que me acosté con ella con el rebozo, sentada en el sofá, sin ganas de moverla de su zona de confort. La gente me dijo que yo la estaba echando a perder. Yo les dije “Esto es todo lo que funciona. Me dijeron que dejarla llorar estaba bien, pero yo no tenía ningún deseo de abandonar a mi hija en un cuarto oscuro para gritar su angustia. Mi responsabilidad para con ella no terminó cuando el sol se ponía. Me susurró al oído que no podía dejar de llorar, pero no pude abrazarla mientras ella lloraba.

A los seis meses, le rogué al médico para que la hospitalice – Yo sabía que algo estaba terriblemente mal. El pediatra de acuerdo. Hubo pinchazos, rayos X y alimentación forzada. Los gritos continuaban.

Un día antes del alta, la pareja o colega de mi pediatra me dijo que no estaba poniendo el esfuerzo por darle de comer, para ponerla en otra habitación para dormir y dejarla gritar. Le prohibí intervenir en el tratamiento de mi bebé.

Yo la llevaba a todas partes, en la ducha, para el médico, para el parque, en reuniones de juego. La gente de mala manera me preguntaban cómo iba a aprender a caminar si nunca la dejó en el suelo. No les hice caso. Llevarla así detuvo los gritos.

 Justo antes de su primer cumpleaños, ella desarrolló una fiebre alta y tos. La llevé a la sala de emergencia, todavía envuelto en mi rebozo. Esperamos 7 horas. Rayos X reveló que su corazón se amplió. Nos fueron admitidos. Me llevó sin parar durante los próximos días – a través de un torbellino aterrador de ecocardiogramas y, finalmente, un diagnóstico. Durante un ataque gritando particularmente memorable, una enfermera se volvió hacia mí llorando, y me entregó mi rebozo. Mi hija calmó.

Ella tenía insuficiencia cardíaca. Un defecto cardíaco poco frecuente y muy grave había causado ataques masivos del corazón. Las tasas de mortalidad eran del 90% en el primer año. Los gritos eran de sufrimiento de dolor opresivo en el pecho. En el pasillo, el cardiólogo se volvió hacia mí y me dijo en voz baja que era mi crianza con el rebozo – la realización constante – que le había permitido sobrevivir contra todo pronóstico.

Pero hoy en día, veo a mi hija jugar y correr, y reír. Tuve a la peor pesadilla de una madre … y ambos sobrevivimos.

Mila es ahora un feliz, cuenta con tres y medio años de edad. La bebé escuálido que gritaba se ha convertido en una niña en edad preescolar confidente y sobresaliente, a causa de la crianza en brazos constante, mirando hacia atrás, me sorprende … Mi fiel Rebozo… Nos salvó.

Mila ya ha tenido dos cirugías cerebrales, y una hermana pequeña! En cierto modo, la crianza con apego nos ha permitido hacer frente como una familia normal.  La bebé merece a su mamá. Mila requiere mis manos para su atención. Y puedo dar a las niñas exactamente lo que necesitan!

Y así es como termina esta gran historia de amor, con lo cual nos deja una enseñanza hermosa, el amor hacia nuestros hijos y semejantes, así que sigan sus instintos de madres sin importar lo que los demás digan, hablen u opinen.

Gracias a Viviana por compartirnos esta gran historia…

Referencia:

Soy Mamá Blog

Fierce Mamas

 

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