No es una novedad que los niños peguen. Tampoco que muerdan y hasta que tiren del pelo. No se trata de una nueva moda, ni del destape de una ola de vándalos. En realidad, este tipo de reacciones les ocurren a los niños, a todos ellos. Ufff… menos mal.

La agresividad es un instinto que ayuda a una persona en formación a adaptarse a su entorno.

Es necesaria para protegerse de un dolor, un miedo o una frustración. El problema empieza cuando ese instinto se convierte en una conducta negativa permanente que daña y dificulta el proceso de sociabilización con otros niños y su ambiente.

En esos momentos los niños se encuentran viviendo las primeras situaciones que los llenan de frustración, y no cuentan, por una cuestión evolutiva, todavía con los instrumentos afinados para dar el tono y resolver sus impulsos de una manera más feliz. Si bien están pudiendo hablar, no pueden hacer un uso del lenguaje que les permita expresar sentimientos y emociones. Por ello, que actuemos como sus secretarios, creando las frases que den un sentido a lo que están experimentando, puede serles de grandísima ayuda

Cuando un niño comienza con estas conductas, notarán ustedes que no logran una adecuada discriminación, y así hasta sus propios padres caen en la golpiza. El comienzo de este tipo de reacción coincide con el período para hacer berrinches. Encontrarán el apogeo entre los dos y los tres años de edad.

Dejar que el niño que haga lo que quiera, sin límites para que “exploren” y aprendan, hacen que el niño sienta que les dan todo para que no molesten

La atención y afecto que un niño necesita es que compartan con él y no dejarlos con la televisión, juguetes y caprichos; que jueguen con él y no darle todos los juguetes que quiera; que hablen y se interesen por él, no es necesario estar todo el día junto al niño, puede ser un momento diario, pero un momento especial para el niño.

Las nalgadas, los jalones de orejas, los correazos y otras agresiones físicas no son las más adecuadas porque provocan no sólo daño corporal sino también humillación.

Los niños deben aprender a expresar sus emociones y sentimientos de forma adecuada

Para mitigar la tensión el niño debe mantenerse activo y poder descargar su energía acumulada haciendo que estén más tranquilos; actividades como jugar con plastilina, bailar, saltar son muy beneficiosas.

Enseñar y fomentar mediante el ejemplo hábitos de conducta socialmente aceptados.

Los padres deben estar de acuerdo a la hora de tomar decisiones, establecer normas de convivencia y límites.

Elogiar el comportamiento adecuado

Que hacer con estos niños?

  • La intervención temprana es mucho más efectivo. No esperes a que el niño empiece a mostrar un comportamiento más agresivo. Intervenga tan pronto observe que el niño se siente frustrado o que se esté alterando.
  • Cuando los niños pequeños pelean a menudo, supervíselos más de cerca.
  • Si el niño le da a otro niño, de inmediato separe los dos niños. Luego trate de consolar y atender al niño que ha sido golpeado.
  • Al bebé que comienza a caminar (de 1 a 2 años) dígale: “NO SE DA. DUELE CUANDO DAS”.
  • Al niño pequeño (de 2 a 3 anos) dígale: “YO SÉ QUE TIENES CORAJE, PERO NO DES. CUANDO DAS DUELE” Esto comienza a enseñarle la empatía hacia otros niños.
  • NO le dé al niño si le está dando a otros. Esto le enseña al niño a usar comportamiento agresivo.
  • Los padres no deben de ignorar o menospreciar las peleas entre hermanos.

Conversar con el niño acerca de sus sentimientos y deseos, para que pueda desahogarlos y no se sienta reprimido, asimismo explicarles las consecuencias de su comportamiento agresivo y enseñarle alternativas para comportarse adecuadamente. Este momento de conversación puede ser un inicio de una relación más afectiva entre padres e hijos.

Referencia:

http://www.paraelbebe.net/que-hacer-cuando-mi-hijo-pega/

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