La introducción de todo tipo de alimentos en la cantidad justa es fundamental para que los peques aprendan a llevar una dieta sana y equilibrada y además crezca sano, evitando así los riesgos que conlleva una mala alimentación, como desnutrición, sobrepeso, colesterol, diabetes u obesidad.

Dar de comer a un niño de entre tres y siete años es, para muchos padres, un esfuerzo casi titánico.

Un primer paso para conseguirlo es implicar al pequeño en las tareas de la cocina. Ayudarnos a hacer una masa de harina, remover los ingredientes o echar los condimentos servirá para que el niño coma con más placer aquel plato que ha contribuido a cocinar. De igual forma, la presentación es fundamental para que el niño coma. No es lo mismo un filete de pescado a la plancha en un plato, que acompañarlo con un poco de perejil, tomates cherry, huevo duro rallado y formas dibujadas con ketchup. Dependiendo de los gustos del pequeño, así elegiremos los ‘adornos’ de la comida.

Alimentos que no pueden faltar en el menú semanal

  • Fruta: 3 raciones diarias.
  • Lácteos: 3 raciones diarias.
  • Carne y pescado: alternar en la misma frecuencia en las comidas (no en las cenas) la ración de carne y pescado. Un día pescado, pues otro día carne.
  • Huevos: 4 ó 5 a la semana. Preferentemente a la cena.
  • Legumbres: 1 ó 2 veces a la semana todo el año.
  • Verduras y hortalizas: 2 raciones diarias. Lo ideal es darle una ración a la comida y otra a la cena.
  • Cereales (pan): 1 ó 2 raciones diarias.
  • Arroz: 2 ó 3 raciones a la semana.
  • Pasta: 2 ó 4 raciones a la semana.

La mayoría de los niños rechazan ciertos alimentos por su color, forma y, sobre todo, por la textura que adquieren en su paladar. Triturados en puré, el pequeño apenas se dará cuenta de lo que está comiendo.

Otros aliados de nuestra cocina para que tus hijos coman de todo son los huevos, la pasta y el arroz. Bien camuflados en una tortilla, unos espaguetis o una paella, muchos niños son capaces de comer de casi todo.

 Mantén un horario regular para las comidas y las meriendas, teniendo en cuenta las siestas de tu hijo. Ofrece tres comidas regulares y dos o tres pequeñas meriendas nutritivas. Los siguientes son ejemplos de refrigerios nutritivos:

 • Fruta

• Tomatitos miniatura y cubitos de queso

• Yogur con fresas o rebanadas de fruta

• Un sándwich pequeño

• Palitos de vegetales o pan con mantequilla

• Batido de frutas y leche

• Torta, bollo o pan con una taza de leche

• Frutos secos

No sólo debemos asegurarnos de que la comida que les damos sea lo suficientemente balanceada y variada para que les aporte los nutrientes que necesitan para crecer y desarrollarse, sino que también debemos luchar en muchos casos contra la falta de apetito, o niños con resistencia a probar nuevos alimentos. En muchos casos es más fácil complacer a un exigente gourmet que al pequeñín.

Las posibilidades son muchas: tú sólo tienes que probar suerte con nuevas combinaciones.

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