No son mayores de edad, pero son los verdaderos jefes de la familia. No son delincuentes comunes, pero pegan, amenazan, roban, agreden psicológicamente… Un fenómeno de maltrato de hijos a padres que se ha instalado con fuerza en la sociedad.

Los casos de niños con conductas violentas hacia sus padres ya son un grave problema en países europeos. La combinación de una tendencia genética, los estímulos externos y la crianza en el hogar han producido un transtorno denominado “síndrome del emperador” o del pequeño tirano, que muchos ya catalogan como enfermedad.

El síndrome del niño emperador hace que actúen de manera violenta, como pequeños dictadores en contra de los padres, gritándoles o insultándoles y maltratándoles constantemente. Tanto así que en varios países como España, los padres de familia que denuncian haber sido maltratados por sus hijos han aumentado, aunque suene increíble.

“Un padre excesivamente permisivo tiene como resultado un hijo caprichoso e irresponsable, pero no un hijo violento. La permisividad puede echar a perder a un niño (hacerse vago, juntarse con malas compañías, cometer delitos), pero si hay violencia es como resultado de un proceso de deterioro personal por falta de educación, generalmente al final de la adolescencia” Vicente Garrido Genovés, psicólogo criminalista.

Los niños con este síndrome se muestran egocéntricos, poco tolerantes a la frustración y faltos de interés para comprender las necesidades, carencias y gustos de los otros. No parecen tener moral ni se sienten responsables de sus actos. Sienten que siempre deben estar rompiendo algo, ya sea un adorno o una norma. Son hijos únicos y pueden empezar a violentarse desde temprana edad.

Para Garrido, la clave está en que estos niños “son incapaces de desarrollar emociones morales (como la empatía, el amor o la compasión), lo que se traduce en dificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones”.

Por ello, asegura que el “síndrome del emperador” tiene causas tanto biológicas (dificultad para desarrollar emociones morales y conciencia) como sociológicas, ya que, en la actualidad, “se desprestigia el sentimiento de culpa y se alienta la gratificación inmediata y el hedonismo (corriente basada en la búsqueda de placer, como fin último).

“La familia y la escuela han perdido la capacidad de educación, y esto favorece que chicos con esta predisposición, que antes eran mantenidos por la sociedad, ahora tengan mucha más facilidad para exhibir la violencia”. 

La importancia de los medios en este factor es clave: “La televisión enseña valores muy hedonistas y consumistas -apunta Garrido-, y dificulta el aprendizaje del autocontrol, es decir, la capacidad de esforzarse por renunciar a cosas inadecuadas y para perseguir metas que requieren esfuerzos. Los hijos tiranos ven en los medios muchas conductas y metas que son coincidentes con lo que ellos desean: pasarlo bien y hacer lo que quieran sin que nadie les obstaculice”.

Lo que para muchos es una falta de disciplina que se soluciona con un “cachete a tiempo”, es, sin embargo, un problema mucho más profundo que exige “ayudar a que el niño desarrolle una conciencia sólida; ésta es la mejor policía. Y ello se logra aplicando castigos razonables, pero firmes, y explicando las razones morales y prácticas que supone su mala acción. En los casos más graves es, por desgracia, casi imposible”, lamenta Garrido.

Cómo detectar un emperador en casa:

1.- Incapacidad para desarrollar emociones morales (empatía, amor, compasión, etcétera) auténticas. Esto se traduce en muchas dificultades para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones.

2.- Incapacidad para aprender de los errores y de los castigos. Ante la desesperación de los padres, no parece que sirvan regaños y conversaciones, él busca su propio beneficio, parece guiado por un gran egocentrismo.

3.- Conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles hacia hermanos y amistades.

Cómo enfrentarse al síndrome:

1.- Desarrollar de manera intencionada y sistemática las emociones morales y la conciencia de los hijos, dándoles oportunidades para que practiquen actos altruistas y que extraigan lecciones morales.

2.- Establecer límites firmes que no toleren la violencia y el engaño.

3.- Prestar ayuda para que desarrollen habilidades no violentas que satisfagan su gran ego.

Pero lo que más promueve que estos casos del síndrome del niño emperador se agraven es la formación que sus propios padres les dan en casa.

Si bien estos niños requieren de comprensión hacia ellos y mucho cariño, no son los únicos que necesitan orientación; la terapia debe incluir a toda la familia y los indicados para dirigirla son los psicólogos clínicos o especialistas en salud y desarrollo infantil.

 REFERENCIA: 

Síndrome del Emperador

 

 

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