Todos los hermanos discuten y se pelean y es natural que esto suceda ya que por lo general estos enfrentamientos tienen relación con el sentimiento de celos que incluye cierta competencia. Pero a veces se pasan del límite, generando cierto grado de preocupación en sus padres.

La violencia o abuso entre hermanos puede ser descrito como un patrón de agresión física con la intención de hacer daño y motivados por la necesidad de poder y control. A menudo, se trata de una escalada de patrón de agresión que los padres tienen dificultades para detenerlos.

Hay a menudo un componente emocional a la violencia entre hermanos. Con frecuencia, comienza la agresión como “bromas”, que podría incluir ridiculizar, insultar, amenazar, aterrorizar, y desvalorizar a su más débil hermano. A veces, puede destruir algo de su hermano para incitar a la violencia. La violencia entre hermanos parece ocurrir con más frecuencia que la violencia entre padres e hijos o malos tratos conyugales.

Según los especialistas, la rivalidad entre hermanos es una condición inherente del ser humano. ¿Por qué se origina esta rivalidad? Por la lucha por el amor de los padres. Pero esta lucha por lo general se da sanamente, salvo que los padres compliquen el terreno.

Los padres -muchas veces sin darse cuenta- fomentan los celos o la rivalidad que pueden traer consecuencias negativas en sus hijos.      El primer error y más significativo de todos es tener un hijo preferido y demostrarlo.

Los padres a veces también necesitan aprender a manejar sus propios niveles de ira, para que puedan enseñar a sus hijos cómo administrar los suyos. El desarrollo, ejecución y modelado de buenas habilidades de resolución de conflictos durante la calma puede ser útil en la moderación y la reducción de argumentos y desacuerdos.

Peligrosas luchas deben detenerse inmediatamente. Los niños deben ser separados y enseñarles a calmarse. Una vez que se han calmado, los padres pueden facilitar el debate acerca de lo que ha sucedido y dejar claro que la violencia no es nunca permitida.

Un error muy común que cometen los padres es darle siempre la razón a un mismo hijo. Cuando un chico se da cuenta de que poniéndose en el papel de víctima sale favorecido, lo más probable es que repita siempre ese papel.

También es perjudicial decirle a uno de sus hijos que está celoso de su hermano, porque al repetírselo continuamente lo más probable es que lo termine asimilando.

La rivalidad y los celos fraternales se dan a cualquier edad, especialmente cuando los hermanos se llevan poca diferencia de edad, y se recrudecen en la pubertad y la adolescencia. Hay una etapa odiosa, en que a veces los hermanos ni se hablan, pero luego lo superan.

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