Etapa inevitable, pero que preocupa a todos los padres. Estrategias para ayudarlo cuando llega el momento del ‘primer amor’

El primer amor es más una emoción ideal que un sentimiento concreto, cuando la persona supuestamente amada ocupa un lugar secundario y casi no se llega a conocer, y ese amor se concentra en una imagen idealizada que suele permanecer oculta detrás del velo de las vanas ilusiones de la primera juventud.

El aprendizaje de las relaciones afectivas no es en absoluto fácil, y si a esto se le combinan las inestables hormonas juveniles, es fácil darse cuenta de por qué las relaciones amorosas en los jóvenes pueden llegar a ser tan conflictivas.

La mente elabora sueños imposibles, ideales difíciles de materializar, porque aún no se está preparado para enfrentar al otro sexo con una persona real y sólo se logra aferrarse a una idea sin razonar, dotando al amado de atributos que nada tienen que ver con él, e imaginando situaciones, besos, abrazos y hasta fantaseando con lo no vivido y no conocido e intentando vivir sensaciones vedadas aún para los que son aún muy jóvenes para experimentarlos en la realidad.

Dicen que “El primer amor nunca se olvida”, una frase muy cierta porque independientemente de que como haya sido esa experiencia, indudablemente se queda en nuestros recuerdos.

El primer amor aparece como por encanto, a veces cuando apenas se tienen diez o doce años o aún menos todavía. Existen quienes se enamoraron de sus maestras a los seis años o de sus compañeritas de primer grado. Un amor que los dejaba como atontados, sin poder reaccionar, sin ganas de comer y hasta sin poder dormir.

Realmente cualquier cosa que hagamos o tengamos por primera vez es difícil de olvidar y mucho más en el terreno del amor, nos deja una marca indeleble en el alma y el corazón.
El amar por primera vez es un despertar a una gran variedad de sentimientos que no habíamos experimentado antes por nadie.

El primer amor es doloroso cuando no se llega a materializar, porque se necesita pero también se rechaza, se desea pero también se teme, y cuando desaparece deja lugar a un recuerdo dulce y amargo a la vez, y la sensación de no haberse comportado a la altura de las circunstancias.

Es algo que debe de pasar, con el tiempo dejara de doler para quedar en un bonito recuerdo que formara parte de nuestra vida, que  ayudará a madurar y a crecer.

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