Los miembros de una familia se interrelacionan con vínculos afectivos, comparten una vida en común y también el sentimiento de pertenecer a éste grupo.

Los Roles Familiares se establecen en función del parentesco, el Padre al trabajo, la Madre al hogar y/o trabajo, los niños o hijos adolescentes al estudio. Cuando los roles no se cumplen, se producen conflictos, a esto le podemos llamar Desequilibrio Familiar, que provoca cambios de conducta en uno o más de los integrantes.

También existen familias en donde hay ausencia de uno de los miembros e inevitablemente el grupo sufre cambios que descontrolan emocionalmente a todos. Nadie va a sustituir a un Padre, Madre o Hijos; al faltar un integrante nunca va a quedar un Rol vacante, simplemente se genera un Rol Nuevo. Por ejemplo, si muere el Padre, puede ocupar su lugar un Padrastro, pero su Rol es totalmente distinto al del Padre.

Cumplir los Roles Familiares de una forma donde cada uno se sienta pleno, no es difícil, el secreto para lograrlo es la COMUNICACIÓN para conocer y comprender a cada uno de ellos usando la Empatía, logrando así un Equilibrio Familiar.

Focos de violencia.

Y este desequilibrio familiar es el preámbulo o la antesala de un desajuste social. El país no es sino la suma de todos estos conflictos familiares. Necesitamos volver los ojos a la familia para hallar en ella la solución pronta de los grandes males que aquejan destructivamente a la sociedad.

Estos desequilibrios familiares son los principales focos de violencia de la sociedad. La irresponsabilidad económica en el hogar sin duda también origina violencia. Podemos decir que actualmente la economía familiar está llena de sinsabores e insensateces; por ejemplo, hay gente tan pobre que se queja de no tener para dar de comer y vestir a sus hijos, pero en cambio, sí tienen para comprar cigarrillos, vino y otros abusos. Si hay despilfarro en la economía familiar hay desorden y, el desorden es una de las raíces de la violencia.

En una sociedad que se vive con tantas tensiones y desconfianzas, necesariamente surgen necesidades que no se pueden evitar; hay que seguir viviendo, hay que seguir luchando y realizar operaciones como el intercambio comercial. Y de esto se deriva la competencia que es a veces terrible y en muchas ocasiones mortal. Las demandas de la vida y de la época actual, nos han convertido prácticamente a todos en comerciantes y compradores, porque todos vendemos algo de alguna manera.

Y generalmente estamos tan predispuestos que la actividad comercial también origina violencia en la sociedad. No es que tenga que ser así, pero muchos individuos tienen raíces heridas en su formación que, al crearse clases sociales económicas, como consecuencia del enriquecimiento de algunos y el empobrecimiento de otros, se ahondan las brechas y se profundizan los resentimientos, reflejando rencor y descontento en la vida social.

Esta es la realidad de una sociedad saturada de maldad, que quiere vivir en paz, escapar de la perversidad y formar un mundo nuevo para las futuras generaciones. Difícil pero no imposible; tenemos que empezar por el hogar, por la familia, para ir sentando las bases de una obra humana y divina dirigida por el amor y la fe en Dios.

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